Mas, … El Misionero Sigue Adelante

(Texto poético escrito pelo Missionário Ysmael Caña. )

…“Porque yo llevo en mi cuerpo las marcar de Jesús”

Vida dura es la del misionero. Vida incomprendida. Vida ingrata. Sin amigos duraderos, sin lazos, sin derechos. Vida difícil de ser vivida. Desde el inicio él puede contar con la reprobación de la mayor parte de las personas que lo rodean. Cuando comienza a compartir su visión con los de su casa, con los amigos, hermanos de la iglesia y hasta con sus pastores, lo que escucha son palabras desmotivadoras, desanimadoras, que lo intentan hacer desistir.” ¿Quién pagara su seminario?”, “¿Quién te va a sustentar?”,”¿Estás pensando que hacer misiones es fácil?”,”¿Y tu familia?”,”¿Y sus estudios?”,”¿Y su futuro?” son las frases que hacen eco a su alrededor. “¿Serás siempre un misionero?” o sea, “¿Un vagabundo que vive a costilla de los otros?”. Pero el misionero sigue adelante…

Después va hablar con sus líderes para revelar su llamado y pedir su ayuda. “¿Estamos en construcción, el hermano no está viendo?”,”¿Nuestra iglesia no cree en este tipo de obra misionera, porque si pensamos en los pueblos del mundo, quién ganará las personas de nuestra ciudad?”,”¿A si es, mi hermano, vamos orar, no es mejor?”, “Misiones es una invención de quien no tiene nada que hacer en la vida”. Mas el misionero sigue adelante…

Llegando a la agencia misionera comienza a observar cosas que no le gustaría que allí existiesen. “tenemos que hacer movilizaciones para levantar recursos para nuestra agencia”, “No queremos hablar de las otras agencias, pero la nuestra es mejor que las demás”, ”usted está aquí para ser entrenado en su carácter, por eso valla al patio y corte todo el monte, luego limpia los baños hasta que brillen, porque yo soy el director de esta agencia y usted es solo un joven”, “su mensualidad está atrasada y nosotros queremos avisarle que si no paga tendremos que expulsarlo de la escuela”, “si usted no tiene dinero para pagar su entrenamiento, entonces fue el diablo quien lo envió para este lugar”. Mas el misionero sigue adelante…

Cuando al fin llega al campo, encuentra una situación completamente diferente para la cual fue entrenado. Ahora de nada vale tanta “Sofía, y manuales”. Aquellas predicaciones que pensaba que iba a predicar con los tres puntitos de homilética, usando profundamente la hermenéutica, y mostrando su fluidez en las lenguas originales no sirven en el lugar donde se encuentra. Mas el misionero sigue adelante…

Después de algún tiempo él comienza a extrañar a sus seres queridos. Comienza a recordar a su familia, y a sus amigos. su querido papá, su amada madre y sus hermanos. Recuerda los días en que todos se reunían para almorzar, y de las historias que su papá contaba en la mesa, recuerda los juegos, de los momentos de conversación con su madre, que tanto lo aconsejaba. Le viene a la mente que sus padres ya están viejos y que puede acontecerles algo terrible. Ellos pueden dejar este mundo, y el misionero no estará allá para sujetar las manos de sus padres en los últimos instantes de su vida. Un sentimiento profundo que le rasga el pecho y lo hace llorar desesperadamente. Mas el misionero sigue adelante…

Si él es casado, el trabajo en el campo exigirá tanto de él, que él comenzará a tener que renunciar a pasar tiempo con su familia para atender las necesidades de la obra. Pronto su familia le hará fuertes reclamos. A lo mejor su esposa no lo entienda. Sus hijos no lo vean con buenos ojos. “¿Por qué usted tiene tiempo para los hermanos y no tiene tiempo para nosotros que somos su familia?”, ¿Por qué usted escogió una vida tan difícil para nosotros?”, “¿Por qué usted no va al campo solo con mamá y a nosotros nos deja en la casa de la abuela?”, “este llamado es suyo y no nuestro”. Mas el misionero sigue adelante…

¿Qué es lo que va a garantizar su futuro?¿cuál es su seguro de vida?¿Cuál es su provisión? ¿Cuál es su seguro de salud? Nada. No existe ninguna seguridad en la vida de un misionero. Él no sabe dónde va a terminar sus días, no tiene condiciones de hacer algún tipo de ahorro, pues lo poco que recibe de dinero mal da para cubrir sus gastos, y cuando sobra alguna cosa lo comparte con los hermanos de la iglesia que están necesitados, y él como hombre de Dios, no puede negarle la ayuda. Sin casa propia, sin tener un carro para movilizase, con una cocina simples y muebles donados. Mas el misionero sigue adelante…

Cuando le llega la edad avanzada, retorna del campo para su país de origen. Nadie lo está esperando en su llegada. No existe una comitiva ni una pancarta levantada diciendo que él es bienvenido. No consigue adaptarse en la iglesia. No entiende el porqué de muchas cosas, entre ellas el politicagen y una cruda lucha por “el poder sagrado”. Peleas para obtener el lugar más alto, más espacio, más importancia y desorganización desde el pulpito. El misionero irá a buscar el último lugar y allí se sentará para intentar cultuar a Dios en un habiente de culto al “YO”. Mas el misionero sigue adelante…

¿En su funeral? Bien, en su funeral aparecerán los parientes y pocos amigos, pues su vida fue totalmente lejos de aquel lugar. Él derramo su vida en otros países, en medio de tantos pueblos diferentes. Lógico que se recordaran de eso en la predicación de la noche del funeral. Recordaran de su valentía y entrega, sus familiares llorarán. Mas los ojos y los oídos del misionero ya no estarán abiertos para recibir estos homenajes. Mas el misionero sigue adelante… ¿Para dónde???

Si, el misionero seguirá adelante, pues del otro lado del rio su Señor lo espera. Sus compañeros de fe que él nunca vio, de tiempos diferentes, de otras eras, mas ahora parece íntimos. Si, el misionero sigue adelante. Allá está el buen Maestro que lo guio y nunca lo desamparó en todos los momentos de su vida. El misionero puede ver la sonrisa en los labios de Él. Esperen, estoy oyendo algo salir de aquella boca Santa: “Ven, bendito de mi padre, posee la tierra”. Existe un gran banquete preparado ¿ Y sabes quién está convidado? El misionero.

¿Usted está viviendo algunas de estas situaciones? Si, amigo, yo también, ya viví algunas y estoy viviendo otras. ¿Mas sabe una cosa? Vale la pena seguir adelante, el hombre y hasta tu iglesia te ignorará, hasta te olvidará o abandonará, mas el Dios que te hizo y me hizo el llamado estará contigo hasta el último día de tu vida.

“El tiempo no se detiene, muchos mueren, mas el misionero sigue adelante”.

Atentamente el llamado por Dios:

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